Ya sé, ya sé. Harto tiempo sin aparecer por acá. Lo último que publiqué tiene ya varios años y más de alguno habrá pensado que tenía el blog abandonado. Y bueno… no andaban tan equivocados. Pero acá estoy de nuevo. He vuelto. Y justo cuando el blog cumple 20 años.

Veinte años quebrando (y entendiendo) la seguridad
Mi primer post en este blog es del 28 de junio de 2006. Se llamaba, muy apropiadamente, Quebrando la seguridad. Tenía 19 años cuando lo escribí, aunque para entonces ya llevaba rato metiendo las manos, rompiendo cosas y aprendiendo solo porque sí.
Hoy tengo 40. Saquen ustedes la cuenta: dos décadas dando vueltas por acá. Me da un poco de cosa escribirlo.
Lo que escribo (y lo que escribí siempre)
Nunca fui de casarme con un solo tema. Durante todos estos años escribí sobre lo que se me cruzara y me diera curiosidad: software libre, hacking, seguridad, GNU/Linux y tecnología en general. Tutoriales, análisis, alguna publicación incómoda y harta exploración por el puro gusto de entender cómo funcionan las cosas por dentro.
Pero si algo me quedó de esa época, no es el código ni los exploits: es la gente. Los años del hacklab fueron una fábrica de amistades. Conocí a mucha gente entre madrugadas, charlas, malos cafés y esa complicidad rara de los que disfrutan desarmar la tecnología para entenderla. Comunidades, encuentros, cons… nada de eso hubiera tenido sentido en solitario.
Lo que cambió: la IA
He visto pasar varias «revoluciones» que al final quedaron en humo. Así que cuando partió todo el ruido con la inteligencia artificial, la miré a huevo, como a casi todo. Al principio parecían puros algoritmos haciendo gracias, pero la cosa empezó a crecer. Y a crecer. Hasta que tuve que reconocer que esta vez era distinto, y no por el hype.
Lo que me hizo cambiar de opinión no fue un paper ni una keynote llena de luces. Fue darme cuenta de dónde cabe hoy esa potencia. Lo que antes vivía encerrado en un datacenter ahora entra en un escritorio. En mi escritorio.

Mi laboratorio hoy gira en torno a dos NVIDIA DGX Spark y un equipo de escritorio con una RTX 4090. Modelos corriendo en local, en la casa, sin pedirle permiso a la nube para experimentar. Eso —tener ese poder de cómputo ahí, encima del escritorio— es lo que de verdad movió el piso. Y es, en buena parte, lo que me trajo de vuelta con ganas de escribir.
De vuelta a meter las manos: Debian, Wayland y Hyprland
Para el regreso me reinstalé en Debian y me pasé a Wayland con Hyprland. Siempre fui de escritorios livianos, de los que uno arma pieza por pieza, y el nivel de customización de Hyprland me encantó. Volví a sentir eso de perder horas afinando el entorno hasta dejarlo exactamente como lo quiero.
Eso sí, me sentí viejo cuando caché que X11 ya está de salida. Viví toda su era —desde pelearme con el xorg.conf a mano hasta terminar dándolo por hecho— y ahora me toca aprender a hacer las cosas de nuevo. Me tocó desaprender mañas y meterme en cosas nuevas, y lejos de darme lata, hace años que no estaba tan motivado.
Esto recién empieza
Así que eso. Volví, con 20 años de blog encima, un lab nuevo, el escritorio recién armado y la misma curiosidad de siempre —aunque ahora con mejores herramientas. Voy a retomar la costumbre de escribir acá: lo que aprenda, lo que rompa, lo que construya.
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